Publicado el 10 de septiembre de 2024

¿Qué diferencias hay entre el oro amarillo, el oro gris, el oro rosa y el oro blanco?
En el imaginario colectivo, el oro es amarillo, ¿verdad?
Y sin embargo existe el oro gris, rosa, blanco e incluso de otros colores.
¿Sabe qué diferencia a estos tipos de oro?
Ante todo, demos un pequeño salto atrás para entender de dónde viene el oro.
Pues sí: si queremos remontarnos a los orígenes, primero hay que alzar la vista al cielo y retroceder unos 3800 millones de años.
Estudios recientes han demostrado que la Tierra fue probablemente golpeada por una lluvia incesante de meteoritos y cometas procedentes de los distintos cinturones de asteroides de nuestro sistema solar, que los movimientos de los grandes planetas como Júpiter o Neptuno habían alterado en cierta medida.
Según los investigadores, este bombardeo duró al menos 100 millones de años (aunque algunos apuntan a una duración mayor, de hasta 2000 millones de años), acribillando la Tierra, pero también la Luna, con millones de impactos de mayor o menor importancia.
Año tras año, todos estos restos rocosos se estrellaron contra nuestro joven planeta, enriqueciéndolo al mismo tiempo con todo el metal del que estaban compuestos. Incluido el oro.
Pues sí, el oro no se crea tranquilamente en la Tierra como, por ejemplo, los diamantes.
No, el oro requiere un acontecimiento tan único como grandioso: la muerte de una estrella.
Imagine una estrella masiva, diez, cien, mil veces más masiva que nuestro sol, que llega al final de su vida.
Durante miles de millones de años ha consumido todos los elementos que podía: primero el hidrógeno y el helio, después elementos cada vez más pesados a medida que los más ligeros se fusionaban entre sí.
Pero ahora ya no le queda nada que quemar y se vuelve inestable.
De repente, bajo la enorme presión de todos esos elementos que se desploman sobre su núcleo, explota, como lo haría una estrella corriente, pero a una escala incomparable, titánica.
Se convierte entonces en una supernova y ofrece un espectáculo cósmico tan brillante que puede eclipsar temporalmente una galaxia entera.
Es ahí, en esa explosión cataclísmica de energía tan intensa, donde se forman los elementos químicos más pesados.
Y en particular ese metal amarillo casi inalterable que la humanidad ha convertido no solo en moneda, sino también en uno de sus bienes más preciados: el oro.
Ahora entiende por qué las reservas de oro de nuestra Tierra son limitadas.
¿Oro puro o aleación?
Cuando se extrae, el oro es de color amarillo de forma natural; hablamos entonces de oro puro, sin mezclar, el famoso oro de 24 quilates.
Pero, por increíble que parezca, el oro puro es fácilmente maleable y, en realidad, salvo que sea macizo, una joya fina de oro puro tiende a deformarse.
Por eso el oro que se comercializa en joyería suele ser una aleación de varios metales que garantiza la rigidez del conjunto.
¡El oro se presenta en todos los colores!
Como habrá comprendido, es mediante las distintas aleaciones como se obtienen varios tonos de oro.
En el mundo de la joyería encontramos principalmente el oro amarillo, el oro rosa, el gris y el blanco.
Estas son sus diferencias según su composición:
- Oro amarillo: 75 % de oro, 12,5 % de plata y 12,5 % de cobre
- Oro rosa: 75 % de oro, 20 % de cobre y 5 % de plata
- Oro gris: 75 % de oro, aprox. 15 % de plata y a veces paladio
- Oro blanco: en realidad, el término suele utilizarse para referirse al oro gris.
Antes de que se regulara, el níquel formaba parte de su composición; hoy en día el oro blanco se recubre con una fina capa de rodio.
Sin embargo, como esta tiende a desaparecer con el tiempo, conviene repetir la operación en una joyería para mantener el tono.
Estas aleaciones se componen, por tanto, de distintos metales (plata, cobre…), y la base principal es siempre el oro puro (amarillo).

Existen otros tonos posibles, menos habituales, que también podría encontrar: el oro verde, azul, negro e incluso violeta:
- Oro verde: 75 % de oro y 25 % de plata, también llamado electrum cuando la aleación se produce de forma natural; presenta reflejos que van del amarillo al verde.
- Oro azul: 75 % de oro, 24,4 % de hierro y 0,6 % de níquel. Es el tratamiento térmico del hierro lo que da el color azul a la joya.
- Oro negro: poco utilizado en joyería, puede obtenerse sobre una base de oro gris o con una aleación de oro y cobalto, seguida de un tratamiento de superficie con rodio negro.
- Oro violeta: 79 % de oro y 21 % de aluminio, una aleación frágil y quebradiza que suele limitar su uso a las incrustaciones.
¿9, 18 o 24 quilates?
Aplicado a los metales preciosos, el quilate indica su grado de pureza.
El oro puro es oro de 24 quilates, pero, como se ha explicado antes, es demasiado blando para trabajarlo en joyería.
El oro de 18 quilates es el equilibrio perfecto entre la cantidad de oro puro (75 %) y los demás metales; permite trabajarlo conservando sus cualidades inoxidables e hipoalergénicas. Gracias a su gran cantidad de oro, las joyas tienen un color más luminoso y resisten muy bien el paso del tiempo: lo ideal para una joya de uso diario.
El oro de 9 quilates, por su parte, es más duro que el de 18 quilates, ya que contiene menos oro y, por tanto, más metales comunes. Pero por ello también es más quebradizo.
Al contener más cobre y plata, se oxidará con más facilidad y será menos brillante.
Por último, aunque el oro de 9 quilates contenga la mitad de oro que el de 18 quilates (37,5 % en lugar del 75 % mínimo), encontrará pocos vendedores que lo vendan a mitad de precio…
Así que oro gris, oro blanco, oro amarillo o rosa: es cuestión de gustos…
En cambio, es imprescindible prestar atención al número de quilates de su joya.